lunes, 2 de noviembre de 2015

De los miasmas a la Salud en Todas las Políticas

De los miasmas a la Salud en Todas las Políticas

Los Cisnes Negros, aquellos que marcan puntos de quiebre en la historia, no son ajenos a la práctica médica y a la salud en general. Hace no más de 200 años, existía la creencia que las enfermedades eran condicionadas por procesos miasmáticos “teoría miasmática de las enfermedades”; sí, dolencias producidas por emanaciones fétidas del suelo o del ambiente; incluso en las culturas Griega y Romana fueron consideradas como castigos divinos, favoreciendo con ello la limpieza, los lavados del cuerpo e incluso el arrepentimiento de malas conductas. 
La primera posibilidad de Cisne Negro surgió a inicios del siglo XIX en Londres, cuando un médico, quien al estudiar un brote de cólera en la misma ciudad y, mediante una descripción epidemiológica del evento, consiguió sentar las bases sobre la posible contagiosidad de las enfermedades; comentar que este suceso no fue el primero en intentar el cambio, a él le anticiparon otros estudios, como los de la Peste en Europa descritos aún en el siglo XIV; pero es recién a mediados del siglo XIX, cuando luego de demostrar la existencia de microbios como causantes de enfermedades, que cobra prestancia la tercera teoría “la teoría microbiológica de las enfermedades”, esto favoreció sostenidamente el uso de medicamentos (antibióticos) en la búsqueda de poner fin a las enfermedades. A pesar de ir viendo estos cambios tan importantes en la sociedad, se continuó en muchos casos practicando la teoría miasmática. Pero la teoría microbiológica toma fuerza a inicios del siglo XX, cuando ya se perfilaba a aparecer un segundo Cisne Negro, el cual daría lugar a la tercera teoría, “la teoría de los factores de riesgo de las enfermedades”.
La tercera teoría de los factores de riesgo, cobra impacto recién a mediados del siglo XX, debido al estudio sobre factores de riesgo cardiovascular iniciado en un pueblo pequeño, llamado Framingham, en el estado de Massachussetts – Estados Unidos, el que primará en el mundo, incluso hasta nuestros días. Los factores de riesgo condicionan la eventual presencia de una enfermedad en las personas, por ejemplo, el hábito fumar tiene alta relación con padecer de un cáncer de pulmón; la obesidad es factor predisponente de enfermedades cardiacas (infartos), problemas respiratorios o metabólicos o; los antecedentes de diabetes en los progenitores condicionan la posibilidad de que los hijos desarrollen la misma enfermedad. 
El tercer Cisne Negro se asoma a finales del siglo XX, luego del famoso reporte del Ministro de Salud Canadiense Lalonde, donde se da importancia a la determinación social de las enfermedades, vale decir que no sólo son los factores de riesgo lo que influyen en su presentación, sino también influyen otros condicionantes sociales como, ambientales, económicos, educativos, de saneamiento y acceso a los servicios de salud, que determinan la enfermedad o salud. Nótese que es recién en este momento que se habla de salud y no sólo de enfermedad. Surgió entonces en estos últimos años, la necesidad que el discurso no sea dirigido a la enfermedad, sino que se empiece a hablar de salud como un concepto más global, empezamos a recordar declaraciones importantes como la de Alma Ata; con esto se da inicio a la cuarte teoría “la teoría de los determinantes sociales de la salud” y con ello se buscó trabajar también en los condicionantes extra-sanitarios, intentado buscar mayor salud.
Pero el deseo de mejorar la salud en las poblaciones implica un compromiso no sólo individual, sino colectivo y quienes debieran tomar las riendas en este campo, son precisamente las organización e instituciones que tienen capacidad de decisión política y social, la Salud no puede ser visualizada sólo desde un hospital o centro de salud, el componente educativo, laboral, económico, vial, de vivienda, geográfico y hasta de recreación, son muy importantes al momento de aspirar a una mejor salud en nuestras poblaciones. Este trabajo transversal que implica a diferentes sectores, es precisamente la Salud en Todas las Políticas y, necesita de la implicación de nuestros políticos y actores sociales en conjunto.
Quizá, la Salud en Todas las Políticas no sea un cuarto Cisne Negro ni una quinta teoría, sino más bien sea un llamado a la integralidad de las anteriores y a la transversalidad con los diferentes actores. La salud no debiera verse nunca más como responsabilidad individual exclusiva, existen muchos componentes sociales que la afectas y es allí donde se debiera poner mayor énfasis. Eso sí haciendo uso en todo momento de los lentes de la equidad.

Cesar Johan Pereira Victorio


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