Cuidado, que la justicia tomada con las manos, se puede ir de ellas
Las redes sociales, como en muchas ocasiones, están siendo puntos importantes de información y difusión de actividades y movilizaciones sobre situaciones de problemática popular, algo que en otras épocas era difícil de imaginar, esta masiva aceptación a las convocatorias se ha visto fortalecida por la mínima importancia que le dan los medios de comunicación a los problemas cotidianos y por el fácil y continuo acceso de la población a las redes sociales. Estos días, me llamó bastante la atención la convocatoria “lincha (chapa) a tu delincuente”, una campaña motivada por las altas tasas de delincuencia, violencia, inseguridad y corrupción que esta enquistada en nuestra sociedad. Era previsible y no tardaría en verse a la colectividad indignada saliendo a tomar la justicia con las manos, como medida correctiva para estos problemas.
“Lincha a un delincuente”, puedo entender, tiene la intención de ajusticiar popularmente a aquellas personas que son encontradas cometiendo algún delito, pero este tipo de justicia popular o callejera no es nueva, tomar la justicia con las manos (las de la población enardecida) ha sido una de las pocas formas de hacer prevalecer el respeto y el estado de bienestar en muchos lugares donde las instituciones de los gobiernos encargadas de velar por la seguridad no tenían alcance. Pues bien, son la inseguridad, la violencia y la delincuencia producto de muchas carencias que como sociedad vamos adquiriendo; por ejemplo, mala educación; inadecuada remuneración; mayor inequidad; mínima integralidad; ausencia de valores, corrupción e incluso nuestro mismo sistema. Todo ha llegado a niveles jamás imaginados; prueba de ello por ejemplo, es que ahora es impensable que los niños jueguen en las calles; que los padres y madres no muestren preocupación cuando sus jóvenes hijos salen algún fin de semana; que exista temor simplemente al retirar dinero de un cajero del banco; que la población con menos recurso no tenga la misma oportunidad de justicia que aquella población de clase económicamente privilegiada. Sinceramente, hemos llegado a niveles decepcionantes, incluso oímos que las mismas instituciones encargadas de brindar seguridad no lo hacen y, hasta es usual oír que muchas bandas criminales organizadas son conformadas por algunas autoridades del orden.
Pero estas ideas de ajusticiamiento popular, debemos recibirlas con mucho cuidado. Primero, que la justicias tomada con las manos, se pueden ir de las manos; porque en estas situaciones de juicios y castigos, ¿Quién será el encargado de realizar el veredicto definitivo? será el/la vecino(a) de mayor reputación, el/la poblador(a) de mayor edad en el vecindario, el/la agraviado(a) o finalmente la turba de pobladores motivados por sed de justicia. Segundo, ¿Cómo serán las sanciones de cada ajusticiamiento? estos dependerán del buen o mal estado de ánimo de los pobladores, serán azotes, garrotes, escupitajos, lesiones leves, graves o incluso aquellas que puedan ocasionar daño permanente; entonces habrá que considerar y con mucho cuidado a los vecinos espontáneos y altamente motivados en dar castigo, porque serán ellos precisamente, los más estimulados en sancionar sin contemplar consecuencias. Tercero, ¿Qué pasará con las acusaciones falsas? aquellas incriminaciones sustentadas en otros motivos, no precisamente delictivos, que busquen justicias por otro tipo de rencillas. Cuarto, ¿Qué sucederá cuando no se pueda comprobar la acusación? es entendible que no siempre será posible determinar culpabilidad; entonces ¿Se darán igualmente lecciones preventivas y correctoras de delitos?
Por lo tanto, será importante tener sumo cuidado con la continuidad de este tipo de convocatorias “lincha (chapa) a tu delincuente”. En nuestro país existen instituciones encargadas de brindar un estado de derecho e impartir justicia, y es cierto, estas instituciones actualmente decepcionan en su accionar diario, pero esto mismo, puede ser una buena razón para otro tipo de convocatorias de indignación social, porque no propiciar por ejemplo, plantones, protestas y propuestas en estas mismas instituciones exigiendo mayor coherencia, celeridad y justicia. Se puede también, incitar a la protesta colectiva contra la delincuencia y la corrupción enquistada, pero no sólo en las instituciones o personas que actualmente nos están gobernando; sino también, en todas aquellas personas que ya no nos dirigen, pero que pretenden volver a hacerlo. Por ejemplo, es increíble que un exalcalde denunciado por robar, bajo el lema “roba pero hace obra”, no haya sido linchado o no hayan existido movimiento de indignación, por el contrario, este fue premiado con una nueva elección. También es poco coherente ver que la hija de un expresidente sentenciado por robo, corrupción y transgresión de los derechos humanos, y que fuera económicamente beneficiada, tenga altas probabilidades de ser electa presidenta de la república. O, que un expresidente igualmente acusado de indultar a narcotraficantes con aparentes beneficios económicos de por medio, inculpado por enriquecimiento ilícito, del mismo modo, pueda ser presidente y cuente con gran aceptación en la población. En fin, no pretendo negar la situación social y de caos en la cual nos encontramos, pero si deseo que tengamos también indignación por los corruptos y delincuentes de saco y corbata, que no sólo roban una casa, sino que roban a todo un país.
César Johan Pereira-Victorio
Pereira.victorio.cj@gmail.com

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